PROBLEMA INICIAL

El interés por el estudio de las dimensiones práctica y teórica de la retórica en la obra de Tito Lucrecio Caro comenzó hacia fines de la década del 60. Las primeras indagaciones se llevaron a cabo bajo la influencia de un importante planteo surgido de la laboriosa y aún incompleta reconstrucción de la retórica epicúrea: el fundador y los seguidores de esta corriente -predecesores y contemporáneos de Lucrecio- manifestaron una posición predominantemente crítica frente a la disciplina. A la luz de este planteo, el estudio en cuestión partió de la formulación de un problema relativo a la composición del DRN: ¿por qué Lucrecio, autoproclamado fiel seguidor de Epicuro (Lucr. 3.1-8; 5. 55-56), edificó su poema apelando a recursos de una disciplina que habría sido criticada por su corriente de pensamiento?  

PRIMERA VÍA DE INVESTIGACIÓN

El primero en manifestar esta problemática y ensayar una posible solución fue Classen (1968:77-118), quien concibió a Lucrecio como a un ‘missionary’ que, en el afán de cautivar a su público, apeló indiscriminadamente a numerosos recursos retóricos que la tradición había dejado a su alcance aunque por ello resultare infiel a la posición crítica asumida por el fundador del epicureísmo: “Lucretius first loyalty –afirma el autor (Ib.:117)- was not to Epicurus, but to the mission, and in fulfilling this he used all available means”. Bajo estos lineamientos, Classen inauguró la vía de investigación que, en líneas generales, sostiene que la composición retórica del poema se encuentra fuertemente influenciada por agentes y factores exógenos al epicureísmo.

En esta primera vía, también podemos incluir a Bartalucci (1972:45-83), quien asegura que la retórica lucreciana puede ser fácilmente reconstruida a partir del material escolar empleado por las escuelas de retórica en las que se basan las instrucciones (παραγγέλματα) recibidas por el poeta. Asumiendo que en los años de la primera juventud de Lucrecio debió componerse la anónima Rhetorica ad Herennium y el De inventione de Cicerón (ib.:53) – escritos que devendrían de una fuente latina común-, el especialista asegura que ambas obras se revelan como la traducción en sentido amplio de un “ars hermagorea” contaminado en un ambiente rodio con elementos aristotélicos y asiático-helenísticos, pero que, por sus características intrínsecas, siguen siendo sustancialmente apuntes escolares. De aquí que afirma con contundencia (ib.) que ambos manuales

“ci forniscono, soprattutto il primo, ampio materiale per accertare la provenienza retorica e scolastica di molti moduli espressivi e stilistici lucreziani.”

Cercano a la postura de Bartalucci encontramos a Setaioli (2005:117-141), quien analiza el uso de la analogía y la similitud como instrumento de demostración en el el DRN. Para el investigador la conjunción de las metas retórico-literarías y filosóficas de Lucrecio se asemeja a los manuales de la época. Tal es el caso de la Retórica a Herenio, donde se

“distingue quatre fonctions de la similitude : ornandi causa aut probandi aut apertius dicendi aut ante oculos ponendi : c’est-à-dire beauté, démonstration, clarté, évidence. On a beau jeu ďobserver que le premier but ( ornandi causa) , qui ne se trouve pas par hasard à cette place dans le manuel rhétorique, correspond à la finalité poétique et psychagogique de Lucrèce ; le second ( probandi ) à la fonction démonstrative, essentielle dans l’exposition scientifique et philosophique, tandis que le troisième et le quatrième – clarté et évidence – peuvent très aisément être rapprochés de l’orgueil ressenti par Lucrèce pour la clarté de ses tam lucida … carmina et de sa volonté de mettre son disciple en mesure de voir de ses yeux ce que la nature a caché.” 

Entendiendo que estas similitudes no pueden deberse al azar, el investigador pone en consideración el aspecto retórico de la semejanza lucreciana. Según su interpretación, incluso cuando el objetivo de la semejanza es demostrar, no es fácil separar la intención persuasiva de ella, la que debe lograrse en virtud de los recursos de la retórica.   

Enrolada en este mismo grupo, Wallach (1975: 49–77) entiende que múltiples figuras retóricas y lugares comunes presentes en el DRN poseen una influencia directa de los modelos diatríbicos de los cínicos y los estoicos. La autora asume que hay, al menos, dos indicadores que darían cuenta de ello. Por un lado, asegura que el uso de la personificación (προσωποποιία) -rasgo característico de la tradición diatríbica- conecta la labor de Lucrecio en el libro III con la del Sobe el entierro (περὶ ταφῇς) de Bión y con los fragmentos que de este último podemos hallar en Sobre la autarquía (περὶ αὐταρκείας) de Teles. Por otro lado, encuentra un segundo indicador en el uso de un interlocutor imaginario (σπουδαιογέλοιον). Para la investigadora todas las pruebas halladas “of a προσωποποιία, of an interlocutor, σπουδαιογέλοιον, and a simple style, must one lead one to the conclusion that the diatribal influence … is obvious” (Wallach, Ib.:77). 

Muy atraída por las propuestas anteriores, suele darse gran relevancia a la interpretación de Asmis (1987: 36–66). La autora distingue, a lo largo del DRN, dos tipos de argumentos dominantes: uno lógico y el otro retórico. Asociando este último al género epidíctico, propone la tesis de que

“Lucretius’ use of a rhetorical mode of presentation … belongs to a historical context in which philosophers increasingly viewed their doctrines as cases to be defended and their opponents’ doctrines as cases to be refuted, and in which rhetoricians correspondingly appropriated philosophical topics as issues to be argued for and against.” (Asmis, Ib.: 37)

Bajo estos lineamientos, le adjudica la tarea de haber labrado la enseñanza filosófica de Epicuro en un grupo de ensayos unificados, los cuales estarían fuertemente influenciados por las doctrinas retóricas de su época y serían utilizados para demostrar la coherencia lógica de todo su sistema filosófico. Siendo factible, en este marco, pensar la posibilidad de una fusión entre filosofía y retórica, estima la investigadora, la misma puede ser considerada, en diversos aspectos, como una anticipación al ideal ciceroniano de una retórica filosófica.

Oponiéndose a la postura de Asmis -adhiriendo a la posibilidad de considerar la influencia no epicúrea sobre los elementos retóricos que operan en el poema-, Schiesaro (1987:29-61) afirma que continuar hablando de retórica epidíctica en Lucrecio significa reincidir en un error que se revela apenas se busca pasar de la definición teórica a la indicación concreta, y se descubre cuán difícil es forjar una imagen clara de aquel fenómeno, cuya dimensión era muy reducida en la Roma del siglo I a. C. Al contrario de la retórica, asevera el especialista (Ib.: 39), la oratoria “designa una realtà culturale che possiamo ricostruire con dovizia di particolari a livello non solo di testi, ma anche di prassi e costumi, di implicazioni sociali e politiche”. En consecuencia, seguir hablando de retórica significa eludir el problema histórico concreto, el cual podría ser el punto de referencia cultural a disposición del poeta epicúreo. En este sentido, la verdadera novedad introducida por Lucrecio estaría en el descubrimiento de un valor instrumental de la oratoria. Para Schiesaro, tanto en la organización del material, como en la elaboración conceptual, los puntos de contacto con las prácticas de la oratoria resultan notables: 

“Lucrezio non solo mutua un repertorio para formulare indispensabile nella scansione fra parti nella concatenazione logica con nessi causali e avversativi, ma sembra rifarsi ampiamente anche ad alcune categorie concettuali proprie dell’oratoria.” (Schiesaro, Ib.: 52).

En total acuerdo con la última postura, Kenney (2007: 92-107) afirma que, habida cuenta de la educación recibida y los eminentes oradores de los que fue contemporáneo, Lucrecio estuvo expuesto a toda la fuerza de la oratoria forense y la política romana en su eflorescencia: “Whether or not he had versed himself in rhetorical theory, he had every opportunity of hearing great speakers in action, demonstrating the three styles of oratory (genera dicendi) and their functions…” (Ib.:93). Influenciado por su contexto, los múltiples recursos a los que apela le son de utilidad para manipular al lector, reforzar la lógica de su exposición, mejorar el aspecto de sus montajes argumentales y lograr el máximo efecto de su enseñanza.

Por su parte, Garani (2007) interpreta que los métodos analógicos de los que se muñe el discurso filosófico del DRN se basan en los dispositivos literarios que el poeta epicúreo hereda de sus antecesores. Según el investigador, Lucrecio se apropia y modifica creativamente el método epistemológico mediante el cual Empédocles hace asequibles las indagaciones sobre los fenómenos imperceptibles. De aquí que para cumplir la misión de la corriente a la que adhiere, el filósofo romano 

“composes a physiological poem in which he makes extensive use of analogical reasoning couched in various literary tropes (personifications, similes, metaphors) that are used with cognitive and probative force. In this way he successfully intrudes into the unseen natural world, decodes the laws that condition its terrifying aspects and offers valid scientific explanations.” (Garani, 2007, 16)

SEGUNDA VÍA DE INVESTIGACIÓN

Veinte años después de la inauguración de la primera vía de abordaje, surgió una senda paralela, una respuesta alternativa al problema planteado. En líneas generales, la misma propone que las dimensiones práctica y teórica de la retórica en el DRN bien pueden ser contempladas desde la obra del fundador del epicureísmo. Se trata, por cierto, de una propuesta que se basa en el supuesto de que no solo la composición retórica del poema responde al modo en que Epicuro compuso la suya, sino al hecho de que Lucrecio reproduce las nociones centrales de la faceta constructiva de la teoría retórica de aquel. Nos referimos concretamente a sus desarrollos en torno a la reducción del uso de la retórica al principio de claridad (σαφήνεια), una de las cuatro virtudes que una importante facción de la retórica antigua exigía a un discurso persuasivo. 

Basado en los estudios de Boyancé (1963), Milanese (1989:107-114) inaugura esta segunda vía intentando demostrar que, desde el punto de vista retórico-pedagógico, Lucrecio es fuertemente influenciado por Epicuro. Para el investigador este hecho se colige en las declaraciones que el poeta efectúa en torno a la importancia de la claridad (σαφήνεια) del discurso; declaraciones que lleva a cabo apelando al léxico de la retórica de su tiempo. Según Milanese (Ib.: 111) el “orizzonte stilistico e retorico della propria opera, in pieno accordo […] con l’intera tradizione epicurea, che privilegiava nettamente, fino all’esclusivismo, la σαφήνεια sulle altre virtutes” . 

Por su parte, Calboli (2003: 187–206) se destaca por haber señalado que la retórica en el DRN no es empleada en términos de un arte (τέχνη), sino de una ‘technicity’; noción que toma de Blank (1995:178-188). Bajo estos lineamientos, afirma que dicha disciplina es utilizada a nivel puramente instrumental y no doctrinario. En consecuencia, la retórica estaría subordinada a la demostración, es decir, a la clarificación de los desarrollos del sistema filosófico de Epicuro. 

El aporte más completo e integral de este grupo de intérpretes es proveído por Marković (2008), quien basado en las investigaciones anteriores y esgrimiendo un considerable número de pruebas, arguye que la retórica de Lucrecio no hace más que realzar la retórica de Epicuro y que los procedimientos retóricos que ambos tienen en común pertenecen a la categoría que denomina “rhetoric of explanation”: 

“On one hand, the main concern of this rhetoric is the formation and effective presentation of theoretical models that organize data into explanatory accounts; on the other hand, its goal is to facilitate the internalization of these explanatory accounts. It is by no means a mere accessory, but rather a technique of vital importance: its goal is not to throw dust in one’s eyes, but to provide clear vision.” (Markovic, Ib.: 14)

En este marco, la eficacia de la retórica lucreciana, a lo igual que la del filósofo del jardín, radica en su naturaleza reductiva: busca reducir una vasta multitud de fenómenos a un mínimo de factores importantes y así decretar una jerarquía que pueda ser internalizada con facilidad.  

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