Abro mis ojos en un lugar fuera de lo común. Es una habitación oscura en los contornos y de una luminiscencia encandilante en el centro. Estoy parado en la zona oscura sin sentir mi cuerpo. Vos estás parada junto a mí con los ojos cerrados. A medida que mi vista se acostumbra, comienzo a divisar dos figuras bañadas en luz. Primero, noto que las mismas están posicionadas frente a frente, aunque no necesariamente cara a cara: ambas  presentan una posición de arco invertido. A medida que la imagen se vuelve más nítida, descubro que estoy ante dos cuerpos desnudos, biológicamente diferentes. Cuando mis ojos se acostumbran completamente a la luz, me llevo dos insólitas sorpresas: por un lado, el cuerpo blanco y femenino, de piernas perfectas, es el tuyo y, por otro, el cuerpo masculino es el mío. 

 

Si bien puedo observar todo lo que acontece desde la oscuridad, no puedo llevar a cabo ningún tipo de acción. Los que estamos en la oscuridad, estamos a cinco pasos de los otros tres que están en la habitación. Al mirar hacia un costado, me percato de que tu “yo” de la oscuridad, en absoluto silencio, comienza a abrir lentamente los ojos negros en dirección a mi cuerpo bañado en luz. A partir del instante  en que tu mirada se abre por completo, comienzo a sentir que unas manos espectrales, no humanas, recorren el rostro de ese otro cuerpo que si bien no siento habitarlo racionalmente, siento habitarlo sensorialmente. Desde el primer contacto, una erección y una eyaculación instantánea hacen explotar mi cuerpo sobre sobre tu cuerpo, el que recibe una cuantiosa descarga de fluido seminal sobre su abdomen y genitales. A modo de respuesta, tu cuerpo responde con una descarga proporcional de fluidos sobre el mío. El silencio se rompe a causa de los gemidos de los cuerpos sensoriales.

 

Nuestros “yo” de la luz jadean mientras vos mantenés tus ojos cerrados. De un momento a otro, tu “yo” de la oscuridad abre nuevamente los ojos en la misma dirección. Ahora una boca espectral se apodera de mis labios, hunde su lengua hasta mi garganta. Ante ese hecho, vuelvo a acabar sobre tu cuerpo de una manera sobrenatural. A modo de respuesta, volvés a propinar una descarga de fluidos que llega hasta mi pecho. Ahora, más sentidos están activos.  Además de ver nuestros cuerpos mojados, tus pechos blancos erguidos y mi pene erecto, además de escuchar tu respiración ajetreada, tus fluidos llegan hasta mí en embriagador aroma.

 

Al cerrarse tus ojos, la presencia espectral vuelve a desvanecerse mientras nuestros cuerpos sensoriales mantienen su posición como si estuviesen poseídos. Los líquidos adheridos a nuestros cuerpos se escurren por los costados. Al caer en el suelo, se van formando puntos oscuros.

 

Al poco tiempo, tus ojos vuelven a abrirse y ahora mi cuerpo siente como una boca espectral lo recorre. Besos y mordiscos suaves van desde mi cuello hasta el abdomen. Lo que tarda en darse el recorrido es el tiempo en que sostengo una nueva eyaculación sobre tu cuerpo, la cual alcanza a llegar hasta tu rostro. En la misma proporción, tu cuerpo me devuelve una descarga de fluidos que llega hasta mis labios y se filtran en mi boca. Ahora todos los sentidos se encuentran despiertos.

 

Temblando, ambos cuerpos sostienen como pueden su postura. Se encuentran completamente bañados de luz y  líquido. El piso comienza a ser invadido por la oscuridad. Mi cuerpo racional es vencido por el placer que siente el cuerpo sensorial. En consecuencia, solo espero una nueva apertura de tus ojos, una nueva invocación espectral que nos domina.

 

En el mismo lapso temporal que en los anteriores casos, tus ojos negros vuelven a abrirse. Ahora siento como esas mismas manos fantasmales toman con suavidad mi miembro, como su lengua acaricia el tronco de mi verga hasta llegar a la punta de mi glande, instancia en que de un solo bocado siento que se lo traga por entero. En ese punto, el placer resulta tan extremo que despierto gimiendo y eyaculando en mi cama. Afortunadamente, estoy solo esta noche. Con la almohada pegada a la cara, disfruto de los últimos espasmos. 

 

Al cobrar mínimanente la conciencia, me percato de que el semen se está escurriendo hacia las sabanas. La cantidad de líquido es incalculable: ¿habré acabado tantas veces como en el sueño? Me levanto lentamente y me saco el calzoncillo con cuidado. Son las 4 de la madrugada. Camino hasta la ducha y la abro. En el momento en que empieza a salir el agua caliente ingreso de espalda. Es curioso, pero la excitación y la erección que tengo desde que abrí los ojos no ceden. 

 

El agua se escurre por mi espalda. Lentamente comienzo a girar el frente de mi cuerpo hacia donde cae el agua. La primera gota que toca mi abdomen me lleva, involuntariamente, a recordar tus líquidos hirviendo cayendo sobre mi rostro, filtrándose entre mis labios. Este hecho genera un apetito tan irrefrenable, que comienzo a acariciar mi verga con una intención masturbatoria. Cierro los ojos y vuelvo a presenciar los hechos soñados de manera desordenada. Visualizo tus piernas perfectas hasta llegar a la entrada de tu vagina mojada y, de pronto, tus ojos vuelven a aparecerse frente a mí abiertos. Mi apetito crece desmesuradamente, tanto como el del cuerpo poseso del sueño. Siento que mi mano se transfigura en tu boca como si fuera la boca espectral. Siento tus labios, tu lengua, tus dientes, tu garganta hasta que exploto en una eyaculación feroz en el interior de tu espectro.

 

Mientras me recupero, el agua sigue fluyendo. Apenas me quedan fuerzas para enjabonar mi cuerpo. Como sea, logro terminar de asearme en pocos minutos. Aún desnudo en la ducha, no puedo evitar sentir  que mi miembro sigue endurecido.

 

Claramente, los efectos del sueño no habían pasado: seguía sobremanera excitado. Siendo casi las 5 de la madrugada, con un poco más de energía, desnudo, encaré mi regreso a la cama. Al recostarme , comienzo a percibir el mismo aroma que había percibido en el sueño: el embriagador aroma de tus líquidos.  Nuevamente, siento un ardiente deseo de masturbarme. Todas la secuencias de esta madrugada se han vuelto  enfermizamente repetitivas.

 

Poseso, no puedo saciar mi apetito de vos. Se mezclan imágenes del sueño, con imágenes que ahora incorporo. Estás acostada, desnuda, con los piernas abiertas. Acaricio tus pies, beso tus pantorrillas, mientras te deshaces en suspiros.  Acaricio tus rodillas y la cara externa de tu fémur a la vez q voy besando el interior de tu muslo derecho. Tus ojos negros se fijan en los míos como invitándome a seguir avanzando. Con el cuerpo expectante, sentís como rodeo el contorno de tu vagina con mi lengua.  Al hacerlo siento el cítrico sabor de los fluidos rebalsados sobre tu piel . Hambriento e incontenible, en un solo impulso báquico, sin siquiera un aviso gestual, atravieso intempestivamente tu vagina con mi lengua. Completamente empapada,  sentís su tersura en los más profundo de tu carne, en las paredes de tu lujuriosa cavidad, en tu hipersensible clítoris. Te saboreo, me hundo en vos sin pensar, mientras siento el calor de aquellos líquidos en mis labios, líquidos que chorrean por mi mentón. Me hundo en vos no solo por propia voluntad, sino por la acción de tus piernas, las que rodeándome la nuca, ejercen una fuerte presión sobre mí. Al hacerlo, ya no solo mi lengua, sino que toda mi boca penetra en tu interior.  Ya sin posibilidad de contenerte, explotás con un intenso orgasmo. Tu cuerpo se retuerce de manera involuntaria en una placentera convulsión. Mientras esto sucede, siento fluir tu descarga hasta mi garganta. Completamente ebrio, abro mi boca para tragar hasta la última gota. En cada una de tus convulsiones orgásmicas, un caudal de líquidos fluye desde lo más hondo de tu materialidad. A medida que las convulsiones se van haciendo menos intensas, disminuye la potencia de la correntada. Todo un hecho que acompaño de un lento juego  con mi lengua. La fantasía resulta tan intensa, que vuelvo a eyacular, esta vez sobre mi propio cuerpo y entre las sábanas.